Museo Nacional de la Historia del Traje
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República Argentina
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e-mail:museodeltraje@gmail.com
La Historia de la Moda en esta época nos muestra las diferentes siluetas
que fue adoptando la figura femenina. Además de identificar un grupo,
el traje permite la expresión de la propia personalidad. Particularmente
durante este periodo la moda regreso, reinventó y transformó estilos anteriores -Directorio (fines del siglo XVIII); Moda Burguesa (1830-1840); Neo Rococó (1840-1850) -, en un juego de apariencias.
Esta selección de modelos pretende responder a la famosa frase de Coco Chanel: “La Moda pasa pero el estilo perdura”.
Los cambios tecnológicos ocurridos a mediados del S. XIX como la invención de la máquina de coser en 1840, ponen a disposición de los diseñadores tecnologías y materiales novedosos que renovarán la vestimenta.
1.- Vestido de tarde. C.1858
Dos piezas. Taffeta fantasía con dibujos geométricos que forman ondas en tonos beige y marrón rojizo. Flecos de pasamanería; trencilla beige y botones forrados. Blusa replicada de original.
Donación: Sonia Seiburger de Owen.
Corresponde a la época de las crinolinas. Se trata de ahuecadores que dan amplitud a las faldas, formados por aros de metal forrados sostenidos por bandas de tela, confeccionados con urdimbre de lana y/o algodón y trama de crines de caballo, de allí su nombre.
2.- Vestido de fiesta. C.1865
Otoman negro y azul, encaje de irlanda y pasamanería. Dos piezas. Falda armada con tontillo.
El tontillo es un armazón que se colocaba en forma de medialuna sobre los riñones.
Donación: Rosario Bayona de Orfila y Rosario Orfila.
3.- Vestido de tarde. C. 1868
Brocado de Seda natural color herrimbre, pasamanería y flecos de seda al tono, botones forrados. Tres piezas. Bata armada con ballenas, falda con polisón.
Donación: Mario de Leonardis.
Las chaquetas de este tipo de vestidos, de tres piezas, armadas con ballenas para acentuar la cintura, se las conoce como “Bata de Cotilla”. Las cotillas (ballenas), metálicas o de baquelita, iban cosidas en el interior de la prenda y forradas.
4.- Vestido de fiesta. C. 1880
Gros de seda natural azul, encaje azul, galón bordado en hilos de seda y aplicación de mostacillas azules y de varios colores, botones de pasta con adornos de pasamanería azul. Bata de cotilla, falda con sobrefalda y polisón.
Donación: Beatriz S. Gottschalk
El polisón es una ahuecador que va colocado sobre los riñones, mas abultado que el tontillo, podía ser de materiales como el mimbre, alambre, etc. y fue utilizado despues de los llamados vestidos de tapicería por la gran cantidad de tela usada en su factura.
5.- Vestido de baile. C.1900
Taffeta labrada de seda natural verde agua y blanco, tul de seda. Bata armada con ballenas.
Etiqueta: Maison Carrau, Buenos Aires.
Donación: Natu Garassino.
6.- Salida de teatro. C. 1915
Tul bordado en hilos de seda, aplicación de azabaches, raso al tono, flecos de mostacillas y canutillos. Falda replicada.
7.- Salida de teatro. C. 1915.
Creppe georgette color crema, cordoncillo al tono, botones de azabache.
Donación: Descendientes de Hebe Pirovano de Girondo.
8.- Levita. C.1900
Chaqueta y pantalón de casimir de lana, camisa de poplin con cuello palomita y moño de gros negro.
LA MODA EN LOS AÑOS 20
Después de la guerra de 1914, nada fue igual. La sociedad cambió. Un nuevo estilo de vida fue adoptado, sobre todo, por las mujeres, que ingresaron de lleno en actividades fuera de casa.
Un estilo nuevo necesitaba una respuesta diferente en cuanto a la moda. Los grandes referentes de la alta costura lograron atuendos funcionales que cambiaban, según las circunstancias, telas, avíos y adornos.
Del práctico jersey al creppe de chine de seda natural bordada con cascadas de pedrería.
Este período es conocido como “Los Vibrantes Años 20” y abarca desde la terminación de la guerra (1918) al crack de la Bolsa de Nueva York (1929).
Las expresiones artísticas, las influencias exóticas (China, Japón, Egipto, Rusia) y el culto del jazz de los afroamericanos inciden sobre la vestimenta.
Las jóvenes lucen siluetas andróginas y delgadas, con cabellos cortados a la garçon, pestañas cargadas de kohol, lápiz de cejas negro, boquitas pintadas y colorete. Desenfadadas, liberadas, ríen y bailan, fuman y muestran las piernas.
El vestido cae recto desde los hombros, la cintura se traslada a la cadera y las faldas se acortan tres veces en el periodo. Las telas mórbidas (satén y rayón) cambian la lencería que se adaptan a los nuevos diseños.
La noche brilla y tintinea al ritmo del Charleston mientras las jóvenes juegan con sus largos collares y se disponen a vivir su propia vida.
LA MODA EN LOS AÑOS 30
La figura femenina continuó siendo delgada como en los años 20, pero adquirió otros contornos y recordaba a las figuras griegas. Se cambio la línea recta y sin marcar la silueta por otra más delineada y femenina.
El talle, estrecho, se realzó, sobre todo en el caso de la moda cotidiana, con cinturones angostos de cuero o de la misma tela que el vestido.
Las polleras se ciñeron a las caderas, y muchas veces, presentaban un movimiento oscilante debido a su forma acampanada. El corte al bies, los drapeados y los recortes eran muy importantes para conseguir esta forma. El largo de la pollera era entre la rodilla y la pantorrilla.
La parte superior del vestido, también estrecha, se adhería bastante al cuerpo, y las mangas eran angostas.
Los vestidos de noche solían llegar hasta el suelo y, a veces, terminaban en una pequeña cola, dando a la mujer una apariencia majestuosa. Se abandonan, casi por completo, los carísimos bordados de pedrería de la década anterior por los cambios en la economía mundial, y se usan telas laminadas (lamé) o con brillo, como el raso y el satín.
Paulatinamente, fueron apareciendo las sedas artificiales, como el rayón.
En 1934, surgieron las primeras telas elastizadas o de látex que abrieron nuevas posibilidades en la confección.
En los años 30, y junto al vestido, se impusieron los trajecitos y la combinación de pollera y blusa porque resultaba muy práctico durante el día, sobre todo en el caso de las mujeres que trabajaban en una oficina.
A finales de la década, la linea de la indumentaria cotidiana se volvió mas seria y funcional.
Esto estaba condicionado, sin duda, por la escasez de materiales a causa del comienzo de la Segunda Guerra Mundial y también por la influencia de la ropa militar.
LA MODA DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
Hacia fines de los años '30, los adornos del vestido se simplificaron y se alcanzó el estilo que perduraría durante los años de la guerra. La pollera volvía a ser más corta cubriendo justo las rodillas. También era más estrecha y daba un aspecto de seriedad.
Contribuían a transmitir esta impresión, las chaquetas y tapados con grandes hombreras y cinturones que daban a la figura femenina gran empaque, pero masculinizaban la silueta reflejando el estilo militar de aquellos años. A esto se sumaban las plataformas que se habían añadido a zapatos y sandalias de vestir y de calle.
Hubo una creciente escasez de materiales y muchas mujeres debieron arreglar su propia ropa; la alta costura se estancó. Muchas firmas debieron cerrar.
Para la consumidora media lo más importante era saber trucos que le permitieran reformar el vestuario que poseía y alargarle la vida. Deseaba saber cómo se podría arreglar un vestido viejo para seguir llevándolo o cómo adaptar un abrigo femenino de una chaqueta de caballero.
Tiempo después, estas habilidades seguían siendo de vital importancia para toda mujer que tuviera presente la moda, pero no dispusiera de medios para comprarla.
DÉCADA DEL ´20
1.- Vestido de fiesta.
Crepe de raso y tul de seda. Aplicaciones de lentejuelas grises y nacaradas formando dibujos geométricos.
Donación: María Elena Saint Feliz de Roel.
2.- Vestido de fiesta.
Crepe de seda natural color natural con aplicación de lentejuelas plateadas y mostacillas transparentes formando dibujos fitomorfos y flecos. Ruedo en ondas.
Donación: Susana Rouseau.
DÉCADA DEL ´30
3.- Vestido de fiesta.
Chiffon de seda natural bordeaux. Cortado al bies con recortes y recogidos.
Etiqueta: Casa Mercedes Pérez.
Donación: Ernestina Mantilla de Vidal Molina.
DÉCADA DEL ´40
4.- Vestido de fiesta.
Crepe de seda natural. Falda cortada al bies. Escote profundo, con hombreras. Sobre las mismas y el corsage, aplicación de lentejuelas multicolores.
Donación: Julia Mercedes Ferradas.
5.- Ambo.
Seda natural gris. Chaqueta de corte cruzado. Botones de pasta, cuatro bolsillos, los tres inferiores con tapa. Pantalón con pinzas y botamanga.
Donación: Máximo Marin Miñones.
LA SILUETA FEMENINA ENTRE 1870 Y 1890
Después de 1870, si se quieren seguir las fluctuaciones de la moda, sería preciso hacer la crónica de ellas año tras año. El vestido bruscamente echado hacia atrás, sube en forma de polisón encima de un ahuecador, una “semi – jaula” emballenada cuyo volumen entre 1860 y 1890 va cambiando hasta desaparecer.
Casi al mismo tiempo, reaparecen las polonesas (una reminiscencia del vestido Luis XVI):la falda
“de encima” forma, por detrás, una cola más o menos larga, orillada por volantes plisados, bandas
de encaje o pasamanería al que se llamó estilo tapicero, evocando los salones de moda llenos
de cortinajes, almohadillados, etc.
Estamos en plena época victoriana: la elección del vestido, de su escote, cola de la falda y sus telas
de ejecución, están sometidos a verdaderos ritos de los que apartarse, es prueba de falta de educación. Se observan entonces diferenciaciones muy estrictas entre los trajes según la hora y las circunstancias: mañana, visitas íntimas o de ceremonia, comida íntima, comida con invitados, baile, teatro, etc.
Por otra parte, ciertos tejidos como el raso, ciertos adornos como las pieles y las joyas de valor, no se
admiten para las jóvenes.
EL TRAJE DEL NOVIO
El esposo, esa persona elegida que espera desde lejos y fuera de la atención de los invitados, la sorpresa de ver, finalmente, aquel vestido que le fue celosamente vedado conocer hasta entonces, también está especialmente engalanado para esa efímera puesta.
Durante el siglo XIX, especialmente en la época victoriana, la etiqueta estipulaba cual era el atuendo que debían elegir los caballeros, ya fuera si el casamiento se realizaba por la mañana o por la noche.
De esta manera, si la boda era antes del mediodía, los hombres, novio y padrinos, debían lucir jaquet, y si se hacía por la tarde o por la noche: frac. Adornando sus solapas con un bouquet de azahares en juego con el ramo de la novia.
Eso, siempre y cuando, el novio no fuera militar, en cuyo caso, debía usar su uniforme de gala.
Hoy, con las costumbres más distendidas y rotas las etiquetas, el novio puede vestir un muy buen traje - terno o ambo – o dejar libre su imaginación para algún atuendo un poco más arriesgado.
Hacia fines de los años ´30, los adornos del vestido se simplificaron grandemente y se alcanzó el estilo que perduraría durante los años de guerra.
La pollera volvía a ser mas corta t cubría justo las rodillas. También era mas estrecha y daba un aspecto de seriedad.
Contribuían a trasmitir esta impresión, las chaquetas y tapados con grandes hombreras y cinturones que daban a la figura femenina gran empaque, pero masculinizaban la silueta reflejando el estilo militar de aquellos años. A esto se sumaban las plataformas que se habían añadido a zapatos y sandalias de vestir y de calle.
Hubo una creciente escasez de materiales y muchas mujeres debieron arreglar su propia ropa.
La alta costura se estancó. Muchas firmas cerraron al estallar la guerra.
Para la consumidora media lo más importante era saber trucos que le permitieran reformar el vestuario que poseía y alargarle la vida. Deseaba saber cómo se podía arreglar el vestido viejo para seguir llevándolo o cómo se podía adaptar como abrigo femenino una chaqueta de caballero.
Mucho tiempo después de acabada la guerra, estas habilidades seguían siendo de vital importancia para toda mujer que tuviera presente la moda, pero no dispusiera de medios para comprarla.
Al final de la década, Christian Dior, abrió nuevos caminos con su New Look.
La ropa sport o deportiva hace su aparición en las últimas décadas del siglo XIX, cuando comienza a difundirse la práctica del deporte en las burguesías europeas y, sobre todo, en el mundo anglosajón.
Pero es en los años '20 cuando su uso se extiende a todo tipo de actividades, lo que hoy llamaríamos vestimenta casual, con un estilo más desestructurado y relajado.
Los grandes diseñadores no fueron ajenos y crearon prendas acordes para esta nueva tendencia.
Los hombres fueron los primeros en adoptarla, y se puede decir, que si la cuna de la moda femenina fue París, la de la moda masculina fue Londres.
En las décadas de 1950 y 1960 con la difusión y el uso del jean entre los jóvenes de toda la pirámide social, la ropa sport invade todas las horas y actividades del día.
A partir de allí, también los adultos adoptan el estilo sport para el weekend.
Hoy en día, las grandes empresas, bancos, etc., aceptan el uso de la vestimenta casual entre sus empleados, no sólo los que hacen tareas internas sino también para los que están en atención al público.
Hacia la mitad del siglo XIX, se menciona por primera vez, una moda infantil en las revistas de modas. Abarca, sobre todo, el traje de los más chiquitos, para quienes los sastres especializados, empiezan a proponer modelos creados para ellos.
Hasta los 5 o 6 años, los varones llevan siempre polleras tableadas sujetas al cuerpo del vestido y abiertas y abotonadas en el frente.
A los 7 u 8 años, una chaqueta y un pantalón ceñido, sujetado encima de la rodilla con botones.
En cuanto a las nenas, los vestidos dejan de ser la copia exacta del de sus madres.
Periódicamente, surgieron blusas rusas y vestiditos escoceses, pero sobre todo, el traje marinero, cuyo uso duró largo tiempo, siendo adoptado por niñas y niños por igual.
Tuvo su origen alrededor del 1860, con una forma muy parecida a la que tendría en el siglo XX, con los cuellos cuadrados bordeados con un galón blanco que se abría en punta encima de una pechera lisa o rayada, e iba acompañado de pantalones rectos, cortos o largos, o de una pollera tableada en el caso de las nenas.
A partir de este traje, los niños estaban, en 1914, todavía muy lejos de que se los vistiera con las prendas blandas y cómodas que llegaron con la moda del género de punto y las telas elásticas.
Sin embargo, la transformación de los trajes infantiles se limitó a seguir las formas, cada vez mas simplificadas de la indumentaria de los adultos.